el secreto que me dio tu nombre

Yoanky Hernández es un autor de secretos. Comenzó a escribir desde muy joven y tuve la suerte de leer algunos de sus primeros relatos. Fuimos cómplices literarios y amigos desde aquellos años hermosos en el IPVCE Lenin. Nos graduamos juntos y él estudió derecho. A pesar de tanto tiempo sin escribirnos o vernos, esa amistad ha durado más de veinte años.

Conocerle más a fondo como autor es una ilusión de todos los que le queremos y admiramos, pero también una invitación para quienes busquen descubrir a un escritor que convence desde la primera línea.

Su primera novela El secreto que me dio tu nombre se publicó hace pocos meses y ya acumula reseñas muy positivas en Amazon. La lectura es simplemente adictiva para los amantes del thriller. Aquí van diez preguntas de aperitivo sobre el libro y su autor.

Todo escritor nace de un niño que no puede parar de leer. En tu caso, tenías una referencia muy cercana en casa. ¿Cómo fue crecer con la literatura de tu padre y, al mismo tiempo, qué leías en esos primeros años que te llevó a escribir?

En realidad no fui consciente de la obra de mi padre hasta la adolescencia. Sin embargo, sí recuerdo que en mi casa teníamos muchos libros. Y a mi abuelo le encanta leer. Fue él quien me recomendó mis primeras lecturas, impropias para mi edad, pero dejaron una huella indiscutible en mí. El primer libro que recuerdo fue A solas con el enemigo, una novela de espionaje e intriga histórica ambientada en la Segunda Guerra Mundial. También en esa época me estrené con Agatha Christie y El asesinato de Roger Ackroyd, un libro que sigue siendo de mis preferidos.

Tu debut literario, Lepidoptera, toma como título, curiosamente, el nombre científico de las mariposas. ¿Qué significado tenía para ti?

Por alguna extraña razón he sentido siempre una profunda conexión con las mariposas: seres aparentemente frágiles hechos a sí mismos tras un proceso de transformación y renacimiento únicos en la naturaleza. De ahí que no solo aparezca en mi obra, sino que también tenga una mariposa tatuada en una de mis muñecas y, como dato curioso, la única vez en la que he ganado dinero jugando a la lotería fue con el número 2, que hace referencia a ella. Y todo porque de camino a la casa de mi madre una mariposa se puso a revolotear a mi alrededor hasta posarse en mi brazo y acompañarme.

Decidiste estudiar derecho, una carrera de letras, pero podías haber elegido filología, por ejemplo. ¿Crees que la escritura se puede «profesionalizar», o el talento innato sigue siendo insustituible?

La mayoría de las manifestaciones artísticas se pueden «profesionalizar». Para eso existen escuelas, maestros, instructores y técnicas. La cuestión es que siempre vas a ser capaz de diferenciar a aquel que lo hace por vocación y quien se ha subido al barco por otros motivos. Siempre dicen que a escribir se aprende escribiendo, precepto que apoyo en su totalidad, pero con el pequeño matiz de la necesidad de un talento innato, que debe trabajarse, perfeccionarse, pulirse, pero que existe desde tu raíz. Esa necesidad de contar historias, de expresar ideas y sentimientos, nace de las entrañas, como la necesidad de respirar.

Tuviste un proceso migratorio, primero a Ecuador y luego a España, que suele ser una experiencia de vida que marca mucho una obra literaria. ¿Qué cambió en ti al emigrar y cómo influyó en lo que escribes?

Cuando sales de tu entorno comienzas a ver la vida de otra manera. El proceso migratorio que empecé en el 2015 me convirtió en otra persona, más abierta, sensible y con las ideas más claras. En primer lugar, debo reconocer que empecé a ver el mundo con otros ojos, posando la mirada en horizontes que hasta ese momento eran desconocidos para mí, enriqueciendo mi personalidad, nutriéndome de experiencias y situaciones que van dejando una huella invisible en ti. En España siento que encontré por fin mi hogar. Cuando puse un pie en esta tierra tuve la sensación de que había llegado al lugar donde echaría raíces. Y he querido conocerla e integrarme cuanto he podido. Esto me ha llevado a descubrir su historia, sus escritores, sus costumbres y leyendas, pero también ha supuesto un reto lingüístico que he debido afrontar con mucho cuidado. El día que me senté a escribir la novela, supe con toda certeza que estaba escribiendo para un público mayoritariamente español, por tanto, tenía la responsabilidad de expresarme como ellos.

Lo primero que leí tuyo fueron unos relatos cortos cuando estudiábamos juntos hace ya bastantes años. ¿En qué momento decidiste darle el salto a la novela? ¿Por qué esta historia y tu elección del thriller?

Un secreto bien guardado hasta hoy es que mi primer intento de escribir una novela fue a los 18 años. Sentí la necesidad de contar una historia que se me antojaba extensa y comencé a escribir sin parar, hasta completar 87 páginas. La novela se quedó ahí, a medio camino, y aunque aún la conservo, no he sentido el impulso de terminarla. Algún día lo haré. A Jorge Luis Borges se le atribuye la frase «somos lo que leemos», y llevo muchos años leyendo novela negra y thriller. La historia nació durante el confinamiento. Pasé varios días leyendo sobre mitología celta en España, esto me condujo a descubrir Galicia y sus leyendas, y la inspiración llegó sola.

el secreto que me dio tu nombre

Yoanky Hernández González

Sinopsis

Tras el macabro y enigmático asesinato de su madre en un parque de Madrid, el mundo de la joven Macarena se desmorona por completo. Dispuesta a encontrar respuestas, abandona la tranquilidad de su remota aldea en Galicia y viaja a la capital guiada por una vieja carta descubierta entre las pertenencias de la víctima. Lo que descubre cambiará su vida para siempre: la mujer que la crio llevaba más de veinte años ocultándose de su pasado bajo una identidad falsa.

En paralelo, la tenaz y perspicaz inspectora Miranda Silva asume el caso policial. La brutal escena del crimen —un cuerpo atado a un árbol con alambre de espino y unos desconcertantes guantes de boxeo rojos— le indica que se enfrenta a un depredador implacable y meticuloso que ha dejado un claro mensaje de venganza.

Pronto, la búsqueda personal de Macarena se cruza con la investigación oficial, adentrándolas a ambas en un peligroso laberinto de traumas infantiles, crímenes ocultos, dolorosos secretos familiares y los rincones más sádicos de la «dark web».

Thriller policíaco · Publicado en Amazon KDP · 18 de marzo de 2026

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Cada escritor tiene su propio ritmo y «manías» de escritura. En tu caso, ¿cómo llevas el proceso? Por ejemplo, en esta novela, ¿cuánto tiempo te tomó escribirla? ¿Seguiste alguna rutina particular?

Soy un escritor que no planifica. Cuando llega la inspiración, que suele ser respecto a un personaje en concreto, empiezo a imaginar el mundo que le rodea y ese es mi punto de partida, pero en lo adelante voy construyendo los personajes en mi cabeza según la historia los demande. En la mayoría de los casos no sé cómo van a terminar. Dejo que la propia historia vaya tomando su rumbo y con ella los personajes. Tardé casi dos años en escribir esta novela porque algunos aspectos de la historia se me resistían, no tenía claro cómo quería que fuera el final de algunos personajes. Y para quien haya leído mi novela está claro que quedaron cuestiones pendientes.

Me sorprendió gratamente el nivel de escritura de la novela, la elección cuidada del lenguaje. ¿Te consideras perfeccionista en ese aspecto?

Me gusta que un texto, independientemente del género, sea rico en términos literarios. Para la novela negra y el thriller es una asignatura pendiente, porque siempre se le consideró un género menor sobre el que pesan algunos estereotipos. A día de hoy me estoy encontrando cada vez más autores que rompen esos esquemas, y he leído novelas maravillosas en los últimos años. Eso fue lo que quise transmitir con mi prosa, que sin importar el género, podemos ofrecer textos cuidados, cargados de literatura y recursos expresivos que engalanen la historia.

  • Árbol de un parque de Madrid de noche, rodeado por una franja de alambre de espino con manchas rojas, junto a una farola y bancos de hierro. Pintura en blanco y negro.
  • Joven en un bosque gallego mientras una mujer con vestido antiguo se acerca por detrás, envuelta en un halo de luz y con la mano extendida. Pintura en blanco y negro.
  • Unas manos alcanzan una carta manuscrita y una fotografía antigua de dos niñas abrazadas, sobre una caja de cartón. Pintura en blanco y negro.
  • Figura encapuchada sin rostro sosteniendo unos guantes de boxeo rojos manchados de sangre, con una silla vacía y gotas de sangre al fondo. Pintura en blanco y negro.
  • Niña jugando en la arena de una playa ante una presencia luminosa difusa, con pétalos amarillos flotando entre ambas. Pintura en blanco y negro.
  • Siluetas de un hombre y una mujer embarazada en lo alto de un acantilado nevado, bajo la nieve, con luces anaranjadas a lo lejos. Pintura en blanco y negro.

Después de esta novela, ¿tienes ya alguna historia en proceso?

Ahora mismo tengo otra novela casi por la mitad. Cuando terminé El secreto que me dio tu nombre, y comenzó el largo camino de la revisión y edición, volvió la inspiración a llamar a mi puerta y comencé a escribir. Como dije antes, algunas cuestiones de mi novela quedaron aparentemente inconclusas, pero no fue un desliz ni la pretensión de un final abierto, sino la certeza de que quería que esos personajes me acompañaran en otras historias.

¿Hay algún autor o libro que sea tu modelo para la escritura en esta etapa?

Tengo que reconocer mi admiración por Dolores Redondo, una escritora de novela negra que ha conseguido cautivarme como nadie con su estilo. Si alguien me ha inspirado en esta etapa creativa ha sido ella. Y lo sigue haciendo.

Pensé al crear Eurema en las mariposas como símbolo de ese momento en que la literatura llega a tu vida y ya no hay retorno, ya sea como lector o como escritor. ¿Cuál fue el tuyo?

Hay un símbolo que aparece en mi novela que me vino inmediatamente a la mente: un reloj de arena. Pudiera decirse que representa el antes y el después, pero también la manera única en que transcurre el tiempo cuando leo o cuando escribo, llegando incluso a pensar que el tiempo se detiene cuando la arena termina de fluir.

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